Siento mucho haberos abandonado expectantes de conocer todos los pormenores acerca de mi recién estrenada vida como “currela” pero… ¡ayer terminé agotada! Llegué a casa y sólo me apetecía tomar un baño con burbujas y sales del mar muerto (esto antes no me pasaba… ¿será que me estoy acostumbrando a la vida de familia de multimillonaria?) Así que me enfundé en mi albornoz blanquito y reconfortante – pitillo mentolado mediante - y me dipuse a disfrutar de una relajada noche de “rien faire”.
No tenía ganas de sentarme delante del ordenador… de hecho se me han quitado las ganas de volver a mirar a la pantalla de un ordenador… ¿Alguien me puede explicar qué carajo es “mac” o “apple”? Bueno sí, una manzana pero… ¿qué demonios pinta una manzana en la pantalla de un ordenador? Este fue mi primer “shock”… En cuanto me presentaron a todo el “staff” (¡vaya palabras a las que me tengo que costumbrar!) me enseñaron mi nuevo puesto de trabajo: ¡precioso! Todo blanco y luminosos, una mesa moderna y escueta lacada en color blanco, una silla giratoria de lo más cómoda de color blanco, una papelera de color blanco… ¡todo blanco! Lo único que marcaba una nota de color era el reloj digital de la pared en tonos negros y verdes. Creí que era el paraíso… me encontraba comodísima… hasta que empezaron a pasar las horas: 32ºC en Madrid y yo con un vestido de punto, guantes y botas… a las 11:15 ya no podía evitar que el sudor perlara mi frente y el vaho empañara mis gafas… me quería morir pero yo… ¡antes muerta que sencilla! No estaba dispuesta a despojarme de ninguno de mis caros apaños textiles.
Hacia las 12 del medio día vino a verme la coordinadora de redacción Estefanía Mínguez (amiga de la infancia de Deevah y artífice de mi actual puesto de trabajo). Yo temblaba pues hasta el momento no tenía tarea mayor que la de responder al incesante sonar de la extensión de la que era mi jefa (Susonia Delgado… algo escueta pero simpática). En cuanto la vi aparecer sentí la emoción de una recién licenciada a la espera de su primera gran entrevista en un periódico nacional. Pero pronto esa emoción se convirtió en desasosiego al conocer que mi primer reportaje iba a consistir en entrevistar a una gran personalidad de la jet set madrileña: Deevah McMahon. ¡No me lo podía creer! Yo pensé que iba a hablar sobre temas de moda, de tendencias (previsora, ya me había documentado en varios foros de Internet), sobre cocina, productos de belleza… pero de Mari Carmen… ¡no podía estar pasando!
Nerviosa cogí el móvil y marqué. Esperé varios tonos hasta oír la agradable voz – algo aguda – de Deevah. No sabía cómo decírselo puesto que no quería sonar decepcionada ni desilusionada…
Mari Carmen estaba exultante. No podía ocultar su alegría y no paraba de repetir que por fin se le daba el reconocimiento que ella merecía dentro de la alta sociedad española. Yo, por mi parte, no paraba de recrearme en mi propia desgracia. A medida que pasaban las horas mi cuerpo iba acusando el calor de forma cada vez más peligrosa: creí derretirme en algún momento. Pensé en positivo: esto me iba a ahorrar una semana de gimnasio o de sauna.
Hacia las siete de la tarde la oficina comenzó a quedarse desierta. Sólo quedábamos mi jefa Susana Delgado (cada vez más escueta y menos simpática) y yo. Estefanía hacía horas que se había ido con la excusa de prepararse para una soirée muy especial que se celebraba en Madrid esa noche con motivo de la rentrée del curso político (¡qué narices pinta una hortera como esa en un acto como aquel?). En media hora decidimos que ya habíamos trabajado lo suficiente y mis tacones y yo caminamos hacia el metro. El resto ya es historia.
Me fui a tomar mi baño con tan sólo un pensamiento en la cabeza: ¡mañana me planto unos vaqueros y una camiseta!
No escribes ya más?
Me entretiene leerlo desde el curro… Es un poco tópico pero está muy bien escrito!
Anímate a pulirlo con más profundidad en los personajes, que escribes bien y es una buena forma de practicar y entretenernos a los demás!
Un saludo